lunes, 3 de febrero de 2025

Doradilla Capuchina Vieja

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
En las tierras de Mollina, en la provincia de Málaga, se alza una bodega familiar que custodia la herencia del Cortijo La Capuchina, finca agrícola recorrida por las diversas civilizaciones de la cuenca del Mediterráneo. La tradición agrícola de la familia se remonta décadas atrás, labrando unas tierras donde los testimonios del pasado romano o fenicio surgen a cada paso entre las hileras de viñedos y olivares. En este enclave, los agricultores cuidan con dedicación un suelo de tipo franco calcáreo situado en el paraje de la Sierra de La Camorra, a una altitud de cuatrocientos ochenta metros sobre el nivel del mar. Fue en el año dos mil cinco cuando la bodega inició la andadura de elaborar vinos embotellados con el sello de la Denominación de Origen Sierras de Málaga, con un firme compromiso por recuperar el valor de aquellas variedades tradicionales que corrían el riesgo de perderse. De esta hermosa vocación de conservación de la riqueza vitícola local nace su vino blanco Capuchina Vieja Doradilla, elaborado íntegramente con la uva Doradilla, una variedad blanca autóctona de la que apenas sobreviven unas pocas hectáreas en cultivo activo en la actualidad, posicionando a este vino como el único monovarietal de este tipo disponible hoy en día. Las vides de la propiedad se gestionan bajo prácticas agrícolas estrictamente respetuosas con el entorno a través de un sistema de manejo integrado, cosechando las uvas a mano durante las frescas horas de la madrugada, permitiendo que la uva entre en bodega fría y en un perfecto estado sanitario.

Este vino blanco joven se presenta ante los entusiastas de la enología con una personalidad sumamente singular, ofreciendo un perfil visual de color amarillo pálido brillante embellecido por unos atractivos reflejos verdosos. Al acercar la copa se revela un abanico aromático donde destaca la presencia de fruta fresca, matices florales, recuerdos cítricos y una muy pronunciada mineralidad que evoca directamente las características de la tierra de cultivo, acompañada de sutiles notas de hinojo y hierbas silvestres de la comarca. En la boca, el vino regala un paso fresco, sumamente ligero y con una delicada acidez que aporta vivacidad, mostrando un carácter extremadamente salino y mineral que desemboca en un final de boca distinguido por finas y amables notas amargas. Con una graduación alcohólica moderada de once coma cinco grados y una acidez total de cuatro coma veintiuno gramos por litro expresada en ácido tartárico, este monovarietal de edición limitada presenta un bajísimo azúcar residual inferior a los cero coma ocho gramos por litro. Para disfrutar plenamente de toda la riqueza expresiva que ofrece esta joya malagueña, se aconseja servirlo a una temperatura de unos diez grados centígrados, resultando un acompañamiento para platos de mariscos, pescados de la costa, preparaciones de pasta y ensaladas mediterráneas. La reducida producción de esta etiqueta, limitada en su andadura a pocas botellas, convierte cada descorche en un disfrute para quienes buscan descubrir la autenticidad vinícola de Málaga.